domingo, 27 de junio de 2010

REFLEXION PEDAGOGIA DE LA PRACTICA DOCENTE

Reflexion de tres estudiantes de la licenciatura de Filosofia a partir de la practica docente realizada en la Institucion Educativa MULTIPROPOSITO ubicada en el sector de Siloe en Santiago de Cali. la practica se llevó a cabo en el primer semestre del 2010

AUTORES:
OSCAR GARCIA
ANDRÉS JIMENEZ
JUAN MONDRAGÓN

Enseñar es una cuestión difícil y lo es aún más si es tomada como una labor que sobrepasa las paredes de un aula. El contraste que nos presentó Siloé rayó por momentos con el descubrimiento de nuevas realidades que nos habían sido insinuadas por años pero que nos eran desconocidas. Siloé sacado de una película que imaginamos pero que no habíamos visto se erige como una montaña de preguntas de todo tipo. Llamados de atención que son cientos de luces distantes que alumbran cercanas al cielo y que cuestionan la salubridad social de esta sucursal de contrastes.
Una montaña que se impone a nuestros ojos y en la cual las preguntas por el para qué de la educación, por la equidad social, por la salud y la recreación, son fantasmas gigantescos, entes que vagan y sobre los cuales sólo se sospecha que estuvieron vivos por el mero hecho de ser fantasmas. Siloé es una enorme pregunta por el mañana, una ladera que nos dice en la cara que como sociedad somos corruptos, ciegos y sordos. Pues, callamos o nos quedamos quietos ante la injusticia, miramos para otro lado cuando nos conviene y hacemos del escuchar algo opcional. En un contexto como éste hacer una reflexión por la didáctica de la filosofía es un asunto secundario, pero es algo que hay que hacer y por lo que quizás sea posible empezar.
El salón de clase es un espacio en el que hay esferas que chocan como átomos cargados de creencias y prejuicios en donde, en ocasiones, es posible aprender de manera mutua. Es difícil mencionar algún referente teórico que alcance a rozar una realidad tan problemática como la que nos compete. Echar mano de aquí y de allá, optar por no limitarse a un modelo pedagógico y, por el contrario, ampararse en la multiplicidad y en la recursividad. Y mantener siempre, de acuerdo con Paulo Freire, la humildad, un amor armado, la valentía que acepta el miedo, la competencia, la capacidad de decidir, la seguridad o el saber cómo hago algo, la ética o el saber para qué lo hago, el límite entre impaciencia e impaciencia en el discurso, la parsimonia verbal y la alegría de vivir. Como educadores es necesario construir una actitud que favorezca al desarrollo del educador y del educando, esto en un espacio en el que nadie lo sabe todo y nadie lo ignora todo; en el que la valentía no desconoce el miedo como algo físico pero se atreve a enfrentarlo; en el que el amor se arma para luchar; en el que capacitarse es un modo de responder de manera más eficiente; y en el que se tolera la radicalidad y el conflicto como formas de crecer democráticamente.
Sacar del papel las proposiciones acerca del modo de llevar a cabo una didáctica de la filosofía adecuada y ser lo suficientemente darwinianos como para abandonarlas o adaptarlas a una realidad tan compleja como la nuestra. Tener el valor para enfrentar la educación de un país que lleva más de cuarenta años viviendo en guerra consigo mismo y en el que la igualdad social está lejos de ser una promesa. Lo cual es algo que sobrepasa los límites de la filosofía o de cualquier área de pensamiento y se instala en lo profundo de nuestras necesidades como organismo que viven, que sienten y sobre todo que piensan. Es un desafío con nosotros mismos y con lo que queremos ser.

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